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19 de febrero de 2026 0 Comentarios
Comercio internacional de frutas
El fuerte crecimiento del ingreso de hortalizas y frutas a Brasil, Chile y otros mercados coincide con una caída en las exportaciones argentinas y enciende alertas en el sector frutícola.

El crecimiento sostenido de las importaciones de frutas y hortalizas comienza a consolidarse como un factor de presión sobre la producción a nivel regional, en un contexto donde los envíos al exterior muestran retrocesos significativos. Según un informe del Mercado Central, elaborado en base a datos del Senasa, se registra un aumento exponencial en el ingreso de productos desde países vecinos.

Mientras crecen los volúmenes importados, el sector frutícola advierte sobre la ausencia de políticas de apoyo y un deterioro en la competitividad que impacta tanto en el mercado interno como en las exportaciones.

Fuerte avance de papa y cebolla desde Brasil a Argentina

En el segmento de hortalizas de consumo masivo, el ingreso de productos brasileños a Argentina, mostró subas contundentes. En enero, el volumen importado de papa desde Brasil creció 88,9%, pasando de 891 a 1.684 toneladas en comparación con el mismo mes de 2025.

En el caso de la cebolla, el incremento fue aún más marcado: las importaciones subieron 259%, mientras que las exportaciones de esa hortaliza cayeron más de 53 puntos porcentuales. Esta dinámica genera un doble impacto sobre la producción regional: mayor competencia en el mercado interno y menor colocación externa.

Importaciones y exportaciones regionales: salto del 1.245% en uva

El fenómeno no se limita a hortalizas. En frutas, además de la tradicional importación de bananas, se observa el ingreso creciente de cítricos como naranjas, limones y pomelos, con estos últimos registrando un crecimiento cercano al 40% en toneladas provenientes de Chile, Egipto, España, Israel y Perú.

La uva importada desde Brasil, Chile y Perú mostró el salto más significativo: pasó de tener una participación marginal en 2025 a ubicarse entre las 15 especies frutihortícolas con mayor presencia en las importaciones, con un crecimiento del 1.245%. Este avance contrasta con la caída de 22% en las exportaciones de uva.

Además, también aumentaron de manera sostenida las importaciones de paltas, limas-limones, ananás, kiwis, manzanas y cerezas, productos que compiten directamente con la oferta nacional.

Exportaciones en retroceso y señales de alerta para Argentina

En paralelo al aumento de importaciones, los envíos al exterior muestran retrocesos relevantes. En enero se exportaron más de 1.200 toneladas menos de naranja fresca (-28,2%) y más de 2.200 toneladas menos de manzana fresca (-53,3%). También registraron caídas las exportaciones de ciruela, uva y cereza fresca, mientras que solo crecieron los despachos de pera (9,5%) y durazno (19,3%).

Según la consultora especializada Top Info Marketing, dirigida por la ingeniera agrónoma Betina Ernst, la combinación de apertura comercial e importaciones en alza generó un escenario en el que, durante 2025, el valor importado igualó al exportado. Aunque en términos de volumen las exportaciones aún superan a las importaciones, su menor valor unitario diluye esa ventaja.

El informe advierte que Argentina, históricamente país netamente exportador de frutas, comienza a perder esa condición, consolidándose también como importador relevante en el sector, información clave para sus socios regionales. 

Impacto estructural en el sector fruticultura

Desde el sector señalan que el bajo peso relativo de la fruticultura dentro del comercio exterior argentino afecta su capacidad de incidencia en la agenda económica. En un contexto de crisis recurrentes, el Gobierno prioriza los principales generadores de divisas, oleaginosas, granos, hidrocarburos y minería, relegando a la producción frutícola.

Según especialistas del sector, sin políticas de apoyo específicas resulta complejo sostener una fruticultura moderna, incorporar tecnología y competir a nivel internacional con los socios regionales y los estándares de calidad que exige el mercado actual.

La preocupación del sector no solo está vinculada a la balanza comercial, sino también a la generación de empleo regional, el sostén social y la sustentabilidad de los ecosistemas agrarios, aspectos que podrían verse comprometidos ante una pérdida sostenida de competitividad.

 


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