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10 de septiembre de 2026 0 Comentarios
RIESGOS DEL TRANSPORTE MARÍTIMO
Un incendio o una varada puede obligar a todos los dueños de carga a bordo, tengan o no mercadería dañada, a cubrir el rescate del buque bajo la figura legal de la avería gruesa.

En agosto de 2022, el portacontenedores ZIM Charleston sufrió un incendio en la bodega número 4 mientras navegaba frente a Colombo, Sri Lanka. Cerca de 300 contenedores resultaron afectados por el fuego o por el agua usada para apagarlo. El resto —miles de cajas que llegaron intactas— no se salvó del costo: la naviera declaró avería gruesa, y cada dueño de carga a bordo tuvo que garantizar un pago antes de poder retirar su mercadería, sin importar si el suyo era uno de los contenedores dañados o no.

La avería gruesa es una de las figuras más antiguas del derecho marítimo y, para buena parte de los importadores y exportadores de la región, una de las menos conocidas hasta que les toca de cerca.

¿Qué es exactamente la avería gruesa?

Existe avería gruesa cuando el capitán de un buque decide, de forma voluntaria y razonable, sacrificar parte de la carga o incurrir en un gasto extraordinario para salvar al buque, a la tripulación y al resto de la mercadería de un peligro común. Arrojar contenedores al mar para evitar el hundimiento, desviar la ruta para apagar un incendio a bordo o remolcar un buque encallado son ejemplos típicos.

El marco que regula estos casos a nivel internacional son las Reglas de York y Amberes, un cuerpo normativo privado que la mayoría de los conocimientos de embarque incorpora por referencia. Para que un hecho califique como avería gruesa tiene que cumplir un conjunto de condiciones: el peligro debe ser real y común a todos los intereses a bordo, el sacrificio o gasto tiene que ser voluntario y extraordinario, y el acto debe perseguir —y lograr— un resultado útil para la expedición en conjunto.

¿Por qué tiene que pagar quien no sufrió ningún daño?

Acá está el punto que más sorprende a quien lo enfrenta por primera vez. La lógica de la avería gruesa es que el buque, la carga y el flete conforman una “aventura marítima” común: si algo se sacrifica para salvar el conjunto, el conjunto tiene que repartirse el costo, no solo quien tuvo la mala suerte de perder su mercadería.

La contribución de cada dueño de carga se calcula en proporción al valor de lo que efectivamente se salvó, no sobre el total de la pérdida. Un ajustador de averías (average adjuster), designado por la naviera o el armador, arma la liquidación final: reúne los valores declarados de cada carga, define qué gastos entran dentro de la avería gruesa y qué proporción le corresponde pagar a cada interviniente. Ese proceso no es rápido: puede extenderse muchos meses, y las reglas habituales dan hasta doce meses para presentar reclamos ante el liquidador.

¿Qué es la garantía de avería gruesa que te piden antes de entregarte la carga?

Ninguna naviera libera la mercadería mientras dure la incertidumbre sobre cuánto va a costar el siniestro. Por eso exige, antes de la entrega, una garantía de avería gruesa: un depósito en efectivo o, más habitualmente, una carta de garantía emitida por la aseguradora de carga que se compromete a pagar la contribución una vez liquidada.

En el caso del ZIM Charleston, los consultores designados para gestionar los reclamos fueron explícitos: se requería una garantía de avería gruesa de todos los intereses de carga antes de la entrega del envío, sin excepción. Quien no cuenta con un seguro que emita esa garantía automáticamente queda expuesto a depositar el efectivo por su cuenta para poder retirar contenedores que, en muchos casos, ni siquiera sufrieron daño físico.

¿Tu seguro de carga te cubre esto?

No todas las pólizas son iguales en este punto, y es la pregunta que conviene hacerle a la aseguradora antes de que ocurra un incidente, no después. Una póliza de seguro de carga internacional con cobertura amplia suele incluir la contribución a la avería gruesa entre sus riesgos cubiertos, además del daño físico o la pérdida total de la mercadería. Las coberturas más acotadas, pensadas solo para riesgos específicos, pueden dejar este ítem afuera —y ahí es donde un importador se entera de la exclusión en el peor momento posible, con el contenedor retenido en puerto.

Vale la aclaración: el seguro de carga y la garantía de avería gruesa resuelven problemas distintos. El primero indemniza si tu mercadería se pierde o se daña; la garantía habilita el retiro de una carga que puede estar perfectamente intacta, pero igual comprometida en el reparto del costo del salvamento.

Qué hacer antes de que te toque

La forma más simple de no llevarse una sorpresa es revisar, junto con el corredor de seguros o el freight forwarder, si la póliza vigente cubre expresamente la contribución a la avería gruesa, y declarar el valor real de la mercadería en cada embarque —porque ese valor es, justamente, la base sobre la que se calcula cuánto tendría que pagar si el buque que la transporta alguna vez enfrenta esta situación.

Coordinar esto con un freight forwarder que conozca el historial de la naviera y las condiciones de la póliza antes de reservar el espacio evita que un incidente que no tiene nada que ver con tu carga termine bloqueando tu mercadería en un puerto a miles de kilómetros. Si estás por embarcar tu próxima operación y querés confirmar qué cobertura de seguro de carga te conviene, cotizá con Interborders antes de cerrar el booking.


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IB

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